LA DÁRSENA DE PALENCIA
La explotación del Canal de Castilla en su totalidad comenzó en diciembre de 1849. Concebido en inicio para una gran actividad e intensa explotación, fueron necesarias en su ejecución singulares obras de ingeniería: las presas, retenciones, acueductos, puentes, esclusas y dársenas pertenecen a este grupo.
La definición de dársena alude a un tipo de resguardo artificial en el sector de un puerto para favorecer el fondeo de las embarcaciones y facilitar las tareas de carga y descarga de mercancías. A menor escala, las dársenas del Canal de Castilla cumplían esa función de pequeños puertos con almacenes y embarcaderos.
Un ramalillo del canal, entre abundante arboleda conduce a la dársena de Palencia. Es éste un enclave en plena ciudad apostado a la margen del río Carrión de obligada parada que en este tiempo de otoño se ofrece a sensaciones itinerantes difíciles de precisar. Resulta significativo lo que conocemos de él y la huella de la actividad humana, señal distintiva de su adaptación y explotación para satisfacer necesidades elementales. Hoy, aún sin disponer de testimonios de su importancia, nos podemos permitir la contemplación espontánea de su entorno desde diferentes ángulos. Cuando la sensación empieza a actuar, ya no desaparece de la escena. El otoño, la luz, las piedras, el agua, las aves... llevan el protagonismo y la estética dominante.