Al sur de Tordesillas, en el último tramo del Duero por tierras vallisoletanas se extiende la Tierra de Medina, comarca fijada en la zona de transición entre las llanuras de las riberas del río y las tierras de pinos de Segovia; de páramos cortados en cuestas y escarpes que hace que en la llanura aparezcan cerros o motas (topónimo que significa elevación del terreno)) cuyo centro es Medina del Campo, un municipio importante en los finales de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento que tuvo su máximo esplendor en los siglos XV y XVI.
Medina del Campo debió ser repoblada por el siglo XI y fortificado primero el recinto de la villa vieja conocido como la Mota que quedó convertido en una fortaleza. Hay datos desde 1312 de las famosas ferias de Medina del Campo que concentraban el tráfico de la lana y el comercio del dinero de Castilla favorecidas por la monarquía reinante hasta el traslado de la corte a Madrid (1606). Medina del Campo estuvo anclada a las actividades productivas de la industria textil lanera, trabajó la seda artificial y el algodón. Famosa por sus vinos (hoy en la Denominación de Origen de Rueda) Centro de comunicaciones en el sistema viario tanto en carreteras como en ferrocarril y un castillo reconocido hoy como una de las obras más importantes de arquitectura militar del Renacimiento europeo y objeto de esta entrada, el Castillo de la Mota. En torno a él (hoy muy remodelado y en propiedad de la Junta de Castilla y León) se describe la historia y los escenarios más belicistas de Medina del Campo.
Medina del Campo vive inmersa en La VI Semana Renacentista (del 14 al 21 de agosto) un amplio programa de recreaciones y actividades históricas, gastronomía, fiesta y cultura que tiene como telón de fondo el castillo que es su mejor reclamo turístico.
El Castillo de la Mota, Bien de Interés Cultural desde 1904 fue construido con el característico ladrillo rojo de la zona. Su elemento más singular es el cuerpo de entrada y de las dependencias más bellas, la capilla dedicada a Ntra. Sra. del Castillo. La torre de 38 metros de altura tiene ocho garitones y permanece con las marcas de los impactos de los bolaños de la artillería de ataques que sufrió en 1467 y el asalto de 1473. Los dos torreones de la entrada (tuvo puente levadizo) se comunican entre sí mediante un pasadizo en vertical. El recinto interior esta formado por cuatro torres, un patio cuadrado y el llamado Mirador de la Reina. Isabel la Católica dictó aquí su testamento antes de morir en 1504.
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